Interquiest

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jueves, 24 de marzo de 2011

Hojas secas.

  "...De reir, de volar, tantas veces me olvido... sigo pensando en que vendrás :) ♫..."

Siendo en las nubes mi mejor partido jugado, me desmorono y me inmanto, sabiéndome indeleleble en esta línea decorosa que es la vida diaria, la de todos los días y la de nunca acabar...vos sabes cuántas cosas pensamos entre los dos, cuántas sufrimos y cuántas callamos, pero hoy, (más que nunca) quiero recordar lo que pasó. Lo que nos pasó a los dos, a las dos, si se quiere decir, a la vida y a la muerte (es raro como estas dos palabras tan definitivas se escriban con nombre de mujer). Bueno, cuando uno (una) colisiona, como siempre, se descubre a uno mismo vulnerable, tenue, insignificante para el mundo y a la vez tan necesario, (vos y yo lo sabemos ahora), antes no lo sabíamos, no lo queríamos saber, no considerabamos esa posibilidad absoluta, no conocíamos ningún futuro, ninguna suerte y ninguna mentira...Pero en ese entonces, en ese entonces fue cuando inevitablemente se forjasron nuestra mente y nuestro corazón, nuestra memoria nos arrastra hacia tiempos de piedra, de roca firme donde asentábamos nuestros ideales naturales. Y todo coincidía, todo subía y se enarbolaba con frutos, verdes, pero frutos al fin. Y vos que confiabas tanto, y yo no, pero confiaba en vos... No sé si fue el tiempo, que es inevitable; no sé si fueron ellos, que parecen incuestionables; no sé si fue la realidad, que se nos tornó irreemplazable, impenetrablemente  cierta.
Vos siempre conocías la historia de las cosas, las nimiedades del esqueleto de nuestras causas, pero vos, tan exacto y tan real, te olvidabas de una cosa: la imperfección del mundo real, la vida en todas sus formas que no se adapta a nuestros esquemas mentales... ¿cómo va a ser cierto? ¿cómo podíamos predecir sin llevar a cabo experimentos? ¿cómo?!...
Pero no, a pesar de todo seguimos algún tiempo, algún tiempo más para conocer nuestra propia historia, nuestra memoria y nuestros proyectos en el futuro (aunque más tarde los azotemos contra la pared con fuerza y a veces con furia), y no nos importaba...nos parecía interminable. 
Y así fue...se perdió...se perdió como se pierden las hojas secas que se lleva en una tormenta el viento hacia ningún lugar, que se amontonan al final en alguna esquina, un rincon de la vida o de la memoria que nadie transita jamás, para volver a ser encontradas algún tiempo después por alguien, algún ser anónimo y despreocupado que con la más grata de las miradas se ofrezca amigablemente a jugar con las hojas secas, con el único afán de oírlas crujir.

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