Quizás no sea tan tarde para volver a empezar. La noche nos inunda en su agonía. Sin embargo.
Me presento ante el sol con las manos vacías y un mundo por conocer.
no son los ángeles quienes me cuidan en ese mar de nostalgia y sombras urgentes. Es la milonga culinaria de la noche por el día.
El amor me inunda de su magia perenne, sobrada.
Pero yo me esfuerzo por salir y
qué triste es no poder calentar los pies cuando uno tiene frío.
Y si, tiene frío en todo el cuerpo. Pero los pies...
los pies duelen.
De tanto caminar hallé mi rumbo fijo un día soleado. (También, para variar)
Después entendí que era bastante rosado, pero esas pinturas
no estaban en mi armario.
Me armé de coraje. Supliqué
Lloré de espanto y ahí me quedé
Danzando.
Al compás plurivalente del silencio.
Encontré la noche (una noche)
y me despedí para siempre del olvido superfluo.
No pude volver a empezar.
No supe
Me despedí de todo pero no supe volver.
a empezar, digo. Una vez más
todo dolía.
¿Y el sol?
Amanecer es una palabra muy bonita.
Pero se estanca;
las huellas sin nombre no se usan en la nada.
Dobles de corazones. Las noches. Los laureles
Las flores.
Las encrucijadas
no llorar:
se retuercen de alegría al verte zozobrar en la distancia.
No llegarás a ellas. Lo saben. Lo han oído.
¿Es que no hay nada que ya no se sepa?
¿Cuál es este dolor innato que llevo como una herida de piedra?
Si se pudieran medir las distancias entre las noches
¿sabría yo acaso en qué lugar me encuentro ahora?
No es lo mismo volver, que volver a empezar.
Yo
lo sabía
No hallé respuestas a mis preguntas.
Pero me senté al lado del camino
y esperé la aurora.
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