Interquiest

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jueves, 6 de septiembre de 2012

Sol

Y esa necesidad tan nuestra de buscar el consuelo absoluto donde sabemos que no va a estar nunca. Esa necesidad estupefacta, incandescente de buscar y no encontrar nada por ningun lado. Por Dios, ¿dónde están los aqueos de hermosas grebas?. ¿Dónde los héroes matinales, diurnos, fuertes, bellos, luminosos? ¿Dónde está toda esta ignominia de lo pegajosamente, viscoso, de la noche, de los pegotes contra la pared, contra el mosaico de piedritas, dónde? ¿dónde esta serpiente tentadora de todo lo que es profundo pero a la vez tan oblicuo? tan profano, tan mundano, tan mediocre, al fin, tan mojado. Queremos ser más fuertes y escurrir los trapos sucios, queremos secarnos al sol. ¿Qué nos pasa? estamos como atascados entre una picana sin electricidad y una plancha de metal con herrumbre a medio carcomer. Y el sol está saliendo, pero no nos queremos mover. No nos podemos mover. ¿Qué pasa? no nos podemos limpiar toda esta suciedad añeja. to da esta malaria, esta euforia de otro tiempo que no nos pertenece. Queremos la alegría y sólo podemos acercarcarnos a la idilia esa del algodón etílico, no hay más que juegos secundarios, energía desparramada, derrochada. como una bomba que esparce sus propias cenizas. Cada vez quedamos menos no nosotros mismos, gastandonos, explotandonos, derrochandonos, hacia ningun lugar viajan nuestras intenciones más humanas. Más hermosas. Más sensatas. Hacia ningún lugar porque todo es euforia que se va por el viento de la noche, por los aspiradores de ventilación de los baños públicos, sucios, como nuestras mentes y nuestras manos y nuestros sabores mediocres, y nuestras bocas, y nuestro llanto, todo eso está pegoteado, está manoseado por el encallado mundo de los que no tienen nada que perder. Pero nosotros sí tenemos algo que perder. Por favor, déjennos en paz. Queremos vivir en un mundo matinal. pero entre tanta mugre, ya no sabemos lo que es alumbrar, lo que es titilar con la luz del sol. Nos hicieron estrellas, y eso somos, pero no de esas pequeñas para acompañar la oscuridad tímidamente, como una luciérnaga asustada. Somo estrellas, sí, pero dispuestas a colisionar para guiar otros rumbos, para crear otros mundos. Somos estrellas dispuestas a iluminar planetas enteros, para ser el astro principal.
Entonces, miremos a donde tenemos que mirar.

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