Maldita libertad que nos permite ser esclavos.
Incólumnes melodías; ensordecen cual medusas.
El descubrimiento impávido y mediocre mediante lo cual se enloquece el animador esencial de los días del soliloquio sobrenatural. Pues quizás empecemos a empequeñecer los amores sordos cuando no sepamos más qué hacer con el hombro. Quiero ser feliz de a poco. Y eso forma una sinalefa tan parecida al odio que puedo decirte que se me torna incómodo. No sabés si te amo más que a la vida; pero de anoche a más arriba me elevo en una incómoda sugestiva e intermperante; ¿cuál es el sentido de la vida? Pregunta recurrente, insaciable, manoseada y manuscrita. ¿Con cuál de los amigos de semblanza poética andaría? -Con ninguno, son todos como unas abejas. Y el susodicho se despeina en camisón, sortilegiando en el desorden una canción a medio tomar, como si tal cosa fuera menuda y abigarrada de sentido; pero si me achico y me elevo por el ruido; ¿cómo puedo ser feliz con tan poco? en mi corazón abigarrado; de sentido, y no de ciencia ni cariños.
-Quiero ser libre una vez más.- Y lo dijo mirando un cofre vacío a medio terminar.
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