En celeste borroso muere la tarde.
Nubes rosa apagándose. Montañas en allá
donde alguna vez, mientras tanto aquí
serme sentado en tierra mirar en la
acequia el tiempo correr agua. Un pájaro
hacia su blanco flecha al
horizonte oscuro.
En su otoñal decir un álamo acaricia
lo que queda de luz, sus hojas caen
en la paz del ocaso.
Sin futuro ni ayer, sin hoy ni nunca,
sin arraigar en nada, sin salir de su ser,
del para qué o para cuándo.
Salir de uno a afuera y entrar al suceder
vacío
mientra la tarde muere como es
y va en busca de las estrellas.
JORGE LEÓNIDAS ESCUDERO
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