Era un dia gris de lluvia,
olía a melancolía en cada nota
Y yo sangraba de oír tus canciones
pesadas de sueños,
pero el viento transparente trajo sonidos de ayeres
incomprensibles
como un nudo en el estómago de tanto que se tiene en esas voces de la infancia
en esos recuerdos anaranjados de luz, con nubes blancas y brillantes
con una voz, más que nada una voz, que son tantas juntas y a la vez
Tanta luz, y la sombra sólo es un ruido más. Uno más en la noche del olvido macabro opaco y ocre.
Sombríos suburbios inconscientes calumnian mi corazón. Me hacen más fuerte. Me hacen más débil. Soy yo, desconozco el honor, el horror y la gloria. Sólo soy uno más y no entiendo el poder de la función. Hipócrita yo.
Sabias palabras de la miseria.
“El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.” Sabiduría barata y zapatos de goma.
¿Cómo puedo ser feliz con tan poco en mi corazón mediocre de identidades? Sabe Dios cuánta sangre se derramó. Sabe Dios cuánta tierra herida quedó de aquellas náuseas de noches perdidas. Cuánta magia, cuñanta vida…despedazada, desperdiciada, maltratada. Y suicida. Tanta monotonía que finge ser algo casual, que finge ser algo más y nunca igual. Pero siempre lo es, siempre es la misma vieja canción, ridícula, muda, infame y sucia, vacía y sucia. Colmando mi amor de espanto y resignación. Colmando mi espanto de euforia y trangresión. Colmando mi llanto de rabia y dolor. Cambiando mi espíritu con agua y con jabón. Cambiando mi espíritu ya no tengo religión. Soy incrédula y maldigo el mundo en que vivo, maldigo la muerte y la razón, el crepúsculo y el adiós. Me tiño de escarcha, no hay más color. No hay ración suficiente, no hay para dos. Ya no soy. Ya no soy yo, (porque) ya no estás vos. No hay nada que hacer. Excepto volver.
Volver por el camino incierto del perdón.
Volver a empezar, continuar en paz.
Ya no hay fantasmas en el fondo del placard. Sólo unos cuantos huesos, y un collar. Un almidón fracasado, un rostro blanco, usado. Simulacros de lo olvidado. Tantas cosas que creíste no volver a hacer amanecer. Tantas cosas que dejaste estrujar, y partir, y maltratar. Tanta magia que creíste olvidar. Tanta magia que no puede quedarse sólo atrás. Tanta magia que, cantando, nunca se dejó masacrar. Tanta magia que, cantando, nunca te dejó avanzar (sola) entre tanta oscuridad J
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